Siempre la imaginaba paseando sola por la playa, seguida de un gran perro lobo, soñadora... triste... aburrida, con sus oscuros bucles de pelo movidos por la brisa. Y entonces la tierra empiezaba a temblar, los pinos se abatían, surgían enormes grietas en la arena, un terremoto...
Naturalmente, siempre acababa besándola; pero no eran sueños eróticos, o por lo menos no tenían como finalidad principal la posesión de la muchacha; eran sueños fundamentalmente infantiles, donde el heroismo y una secreta melancolía triunfaban de lo demás.
El elemento erótico se introducía siempre al final de la historia, cuando él ya había salvado a la bella, cuando la llevaba en brazos y se disponía a entregarla sana y salva a sus padres ante la asombrada y admirada concurrencia, pues entonces sentía la imperiosa necesidad de detener el tiempo y la acción, y prolongaba todo lo que podía este momento. Era como caminar sobre una tierra que rodaba en sentido contrario bajo sus pies... Porque sabía, intuía, que él no iba a sobrevivir a ese desenlace, adivinaba que estaba irremediablemente condenado a volver a la sombra, y sólo entonces, como un consuelo, o quizá como una venganza por tener que separarse de ella, la besaba tiernamente en los labios....
jueves, 17 de marzo de 2005
La cita prometida
That's all, folks. Gladys en 5:28 p. m.

1 comentarios:
La vida sí que es sueño :)
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